TRANSATLAS´98

Soy hijo del camino, el mundo es mi patria y mi vida la más inesperada travesía.

Por boca mía oiréis al árabe, al bereber, al griego, al francés, etc., pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra y a ellos retornaré el día que lo decida mi destino.

Y vosotras permeneceréis despues de mí, hijas mías... y guardaréis mi recuerdo, y leeréis mis diarios y mis libros. Y entonces volveréis a ver esta escena: Vuestro padre ataviado con el che-che, hablando con un bereber en la lejana paz de una jaima, mientras el penetrante olor del té con menta impregna todos los sentidos, a la vez que una enorme luna esparce sus rayos plateados sobre la inmensa hammada, dándole un aspecto que solo se puede comprender cuando en realidad se vive el momento.

¿Pero no es esto, en cierto modo, lo que cada vez que puedo hago? ¿Qué he ganado, qué he perdido, qué he de decirle al supremo acreedor...

Hasta ahora me ha prestado sesenta años que he ido disfrutando con más beneficios que perjuicios: el amor de mi mujer, mis hijas y mi nieto, la sabiduría en la lectura de los libros, mi angustia por la falta de los seres queridos, la libertad de los viajes, mi pasión por el desierto y sus gentes... la inocencia: aún reside alguna dentro de mi corazón.    Pepe Gutiérrez  (Inspirado en "León el Africano")