CODIGO DE LUZ - RENOVATIO en CEUTA

Banderola anunciadora de la exposicion

El por qué de la exposicion:

 

Siendo aún muy joven, me di cuenta que a través de la fotografía y por tanto de los colores, la iluminación, las texturas y las formas podía decir muchas cosas que no era capaz de expresar de ningún otro modo... Cosas para las que, al no tener las palabras exactas para describirlas, mi mente tenía que crear el equivalente icónico de lo que sentía.

De manera autodidacta comprendí que no se trataba de “copiar” la imagen exacta,sino más bien de darle el “toque” personal y la forma de como la veían mis ojos.

Terminé mostrando, a veces, mi particular percepción de los objetos, fotografiando fragmentos de éstos en lugar de cosas enteras y desfigurando (en ocasiones) la realidad simplemente porque intentaba captar solo lo que entendía como importante o lo que hacía emocionarme, rellenando el plano focal de forma armónica y hermosa.final.

A partir de ahíadopté la segunda parte de la teoría expuesta como parte de mi catecismo fotográfico, procurando ceñirme a ella en todo momento e intentando aprovechar al máximo el enorme poder narrativo que tiene la fotografía hasta que poco a poco fui estableciendo un estilo propio.

Recuerd

Con la experiencia de los años me surgió el dilema de saber qué era lo que realmente hacía yo, ¿tomaba o hacía fotografías?

La respuesta la obtuve casualmente leyendo las memorias del excepcional fotógrafo estadounidense Ansel Adams, quien (allá por 1927) aseguraba que “tomar una foto” era apuntar y disparar sin intervenir en la imagen de ninguna forma y que “hacer una foto” era buscar la composición, el encuadre, aplicarle los filtros necesarios, utilizar el objetivo preciso, esperar la hora, la luz o el momento adecuado, modificar elementos o cambiarlos de sitio, dirigir los modelos si los hay, etc.;diseñando, creando y fabricando una escena que está en nuestra imaginación con el objeto de sacarle el mejor partido al resultado o con nostalgia la época analógica en la que, robándole horas al sueño, me daban las “tantas” de la madrugada encerrado en el cuarto de baño de casa que, como por arte de magia, se convertía ocasionalmente en laboratorio fotográfico las noches de los viernes y los sábados.

Es agradable comprobar, a pesar del paso de los años, que aún siguen grabadas en mi memoria las sensaciones, los momentos vividos, el enorme placer al comprobar que todo había salido según lo previsto, el cosquilleo en la nariz producido por el inconfundible olor de las emulsiones para revelar, etc, así como que no ha disminuido el enorme placer que me embriaga cada vez que miro a través del visor de la cámara a la hora de componer y hacer una fotografía.

Lógicamente, con el advenimiento de la técnica digital, el manejo de los útiles fotográficos se hizo más asequible, hecho que facilitó a los profanos poder captar escenas que antes estaban reservadas únicamente a los profesionales y aficionados aventajados. Esto hizo creer a muchos que seleccionando el programa automático y apretando un solo botón ya estaba todo hecho. Nada más lejos de la realidad, ya que si bien el manejo se hizo más sencillo, lo cierto es que el dominio y la técnica seguían y siguen siendo primordiales.

Nadie se convierte en un verdadero fotógrafo hasta que no ha superado las preocupaciones del aprendizaje, hasta que la cámara no se convierte en la extensión de uno mismo. Todo con el único fin de crear una ilusión artística capaz de mostrar los valores plásticos y la estética basada en la composición y la geometrización de los espacios; rebasando en ocasiones los límites de la objetividad y creando nuevos imaginarios que llegan a establecer la propia naturaleza de la fotografía. En definitiva, un debate entre la realidad y la ficción

Este repentino paso al sistema digital marcó un cambio traumático en la forma de trabajar, lo que originó que muchos se negaran inicialmente a evolucionar. Nuestro cuarto oscuro se permutaba por la pantalla de un ordenador, las emulsiones se transformaban en tintas e impresoras de inyección, los softwares sustituían las ampliadoras... y todo a plena luz del día. Sinceramente fueron muchas innovaciones para asumirlas de golpe y porrazo. Cambios que se usaron para argumentar que aquella implantación fugaz de nuevas tecnologías bajo el impacto de la electrónica, la informática, los soportes digitales e internet relegaban a la fotografía a un segundo plano, alejándola de su objetivo tradicional como medio artístico.

Poco a poco, los resultados finales como la calidad, la sencillez, la fiabilidad o la rapidez fueron convenciendo a la gran mayoría; sólo los más reticentes se obstinaron en una defensa romántica a ultranza de un proceso analógico que - pienso - tienen perdida de antemano.

Reconozco ser de los primeros que abogaron por el cambio y por decidir replantearse las nuevas directrices a seguir, a pesar de la profunda metamorfosis sufrida por el arte del “cuarto oscuro”. Cientos de horas de trabajo y esfuerzo invertidos por muchos fotógrafos, que al igual que yo optaron por este “reciclaje”, han hecho posible la integración de la fotografía digital como una parte muy importante de la cultura actual mundial.

Concluyo afirmando que la fotografía es una parte muy importante de mi vida que me ha permitido mostrarme como soy, relacionarme, transmitir emociones, sentimientos y mensajes; la otra parte la ocupan mis tres amores: mi mujer y mis hijas.

Sirva esta muestra titulada RENOVATIO como homenaje en primer lugar a una de las técnicas que, desde su creación, se conserva viva, en constante renovación y adaptándose a las últimas tecnologías; y en segundo término, y no por ello menos importante, a Reme (mi esposa) y mis hijas por ser como son y al enorme apoyo que siempre me han demostrado.

Inauguracion de la exposición

La sala de la exposicion

Seleccion de fotos

Prensa

Clausura de la exposicion