ATUNES (Ceuta 1988)

 

Las Almadrabas en el Mediterráneo hasta hace poco, eran una de las artes de pesca mas populares y antiguas, ideadas para la captura de atunes, bonitos, caballas y melvas.

Quizá por la baja rentabilidad, pocas capturas, exceso de polución o por la utilización de las nuevas técnicas pesqueras, éstas han ido desapareciendo hasta quedar solamente dos en todo el entorno gaditano-ceutí y que posiblemente sean de las pocas que quedan en toda España.

Me refiero a la de Zahara de los Atunes, junto a Barbate, en la provincia de Cádiz (de antigüedad desconocida) y la de Ceuta, que al parecer, ya hace 2.000 años que utilizaba para capturar las innumerables oleadas de túnidos que cruzaban el estrecho de Gibraltar en busca de las aguas más templadas del Mediterráneo, para el desove allá por el mes de febrero y regresar al Atlántico con sus crías por junio o julio.

La almadraba ceutí, al igual que sus homólogas de Tarifa, Conil, Rosas, Hospitalet y Almería, pasó por el trance de desaparecer, debido a que la empresa Carranza (ultima concesionaria) dejaba dicha explotación. Esto no llegó a ocurrir, porque los pescadores ceutíes, al final de la década de los 70 se unieron en cooperativa, creando la denominada Cooperativa del Mar “Aguas de Ceuta”, con la que consiguieron mantener sus puestos de trabajo.

Desde entonces dicha Cooperativa ha estado trabajando por el tradicional sistema de “almadraba de buche” que se compone de una zona fija de redes sujetas al fondo por anclas y otra suelta para acorralar los peces y llevarlos a la primera.

A finales de 1983, se instalaba en Ceuta la empresa mixta hispano -japonesa “Inmarco S.L.” y aprovechando las instalaciones de Cooperativa del Mar, tras una serie de convenios, se dedican a la captura, engorde y posterior comercialización del atún.

El atún se capturaba a principios de año y durante los meses que estaban en cautividad, se les alimentaba diariamente con pescado fresco proveniente de la lonja, en su mayoría toninos y caballas.

Este nuevo método de pesca, único entonces en Europa, consistía en ir apartando del total preso en la red, bandadas de atunes en número aproximado a 30, mediante un sencillo sistema de corrales y dejándolos casi a flor de agua, donde eran sacrificados e izados a los galeones en los que se habían instalado unas piscinas en las cuales se mantenían frescos hasta su posterior proceso en la lonja.

Las “levantás” tenían lugar los martes y los sábados, produciendo un peso bruto aproximado de pescado que rondaba los 6.000 kilos.

En la Lonja de Ceuta, se les cortaba la cola y el “morrillo” por no ser aptos para el consumo y posteriormente se limpiaban las vísceras. Finalizada la tarea, que se realizaba bajo un estricto control de sanidad y calidad, se frigorizaban y en un camión especial eran enviados a Madrid para salir por avión hasta su destino en Japón.

Un atún capturado en Ceuta un sábado, podía estar vendiéndose el miércoles en la mañana en una de las muchas lonjas de pescado de Tokio, para su consumo en crudo o cocido. El precio por kilo que se pagaba entonces en Japón, era de unas 4.000 pesetas por kilo.